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Desaforado amor en la casita del lago. (Sensual)

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Desaforado amor en la casita del lago. (Sensual)

Mensaje por Carlos Serra Ramos el Mar Nov 07, 2017 10:37 pm

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Seis tonos y al fin, la voz de Marta.

–¿Sí…?
–Hola, princesa, ¿te va bien a las siete?
–Hola, Nino ¿Tan tarde?
–He de pasar por el despacho a las seis para recoger unos planos que me son precisos, pero si te parece…
–No, no. Sólo lo dije por la cena. Por si se nos hace tarde.
–Ah, no te preocupes. Tengo una mesa reservada para las nueve y media en el restaurante Los Cisnes que tanto te gusta.
–Eres un encanto, mmmm… estás en todo.
–Pues quedamos a las siete. Te haré una llamada al móvil y bajas ¿vale?
-Sí, tesoro.

Marta era una mujer joven, 35 años, de cara aniñada y un cuerpo escultural; se había enamorado de José Luís, un hombre en esa edad en que la juventud palidece pero se compensa con la personalidad que otorgan los años. Arquitecto de profesión ya se le adjudicaban las obras más comprometidas aunque sólo fuera por prestigiarlas con su nombre.

Su dedicación al trabajo le consumía todas las horas del día y parte de la noche y, con su fortuna que se duplicaba constantemente, se permitía conseguir cualquier deseo, desde la propia mujer con la que se casó por una apuesta, hasta el derecho de pernada para pasar la noche de boda con la novia de un empleado suyo. Todo tenía su precio, decía, y no dudaba en pagarlo por alto que fuera para satisfacer su capricho.

Pero con Marta era otra cosa, no amor precisamente, pero afirmaba que esa mujer le había envenenado los sentidos, y no le importaba, era la válvula de escape que le mantenía al margen de su vida pública.

Para sus noches de amor había alquilado una hermosa casita con embarcadero, junto al embalse de Entrepeñas, en pleno bosque. Una lindeza. Dos o tres días al mes no se podía encontrar a José Luís porque se desconectaba del mundo para vivir con Marta las horas más felices de su vida. Nadie reconocería al famoso arquitecto recitando versos a su amada al pie de un sauce junto al lago, o riendo a mandíbula batiente las gracias de Marta que no hubiera despertado la sonrisa de un chiquillo.

–Si me olvidas creo que me arrojo al pantano, no lo soportaría, cielo –le decía Marta aparentando en su rostro la angustia que tal pensamiento le reportaba.
–Y si no te olvido, el desahuciado seré yo porque ya no se vivir sin tu aliento –respondía José Luís seguro de que no le convenía su empecinamiento por los encantos de Marta.


–¿No sabrías vivir sin estos bomboncitos que te vuelven loco? –Decía rozándose las protuberancias de los pezones erectos bajo la seda de su blusa.
–¿Quieres uno? -le incitaba con picardía.

Conocía bien las debilidades de Jos, y cómo explotarlas para conseguir cuanto quería. Sin embargo, no todo era interés por su bienestar social, los regalos, su dinero… Le gustaba, le tenía afecto y en las horas de amor le amaba, sí, era un hombre fogoso, un semental, y ella, toda fuego; una mujer nacida para Afrodita, una diosa plena de dulzura y bacante para cualquier orgía.

A las siete en punto José Luís llamaba por el móvil.

–¿Bajas? Estoy frente a tu casa – dijo al responder.
–En seguida, cariño.

Y al minuto siguiente ya estaba instalada en el asiento del Jaguar.

–Uf, estoy nerviosa, siempre me ocurre cuando has de venir.
– ¿Por qué, princesa?
– Por la ilusión de verte, amor, –lanzando un beso al aire para no mancharle los labios de carmín – por estar juntos. Siento siempre la misma sensación del primer día. ¡Ay, te quiero tanto…!
–Mi princesa, seguro que la ilusión mía aun es mayor –respondió José Luís agradeciendo sus palabras. Fuera verdad o mentira todo lo que alimentaba su egolatría le llenaba de satisfacción.

Cenaron en la terraza de un lujoso restaurante próximo a su destino. Las noches aun eran templadas a finales de agosto y el enorme
embalse, casi un mar bañando la luna, invitaba a la pareja al más puro romanticismo.

Entrelazadas sus manos, los ojos devolvían la mirada envuelta en la dulzura del deseo y brincaba el corazón en cada roce de los pies desnudos de Marta entre la piernas de José Luís.

– ¿Nos vamos? No aguanto más, Nino. – “Nino” era el adjetivo más cariñoso que le dedicaba cuando deseaba ser escuchada.

Minutos antes de las diez dejaban la carretera para adentrarse por un camino sin asfaltar. A poco más de dos kilómetros apareció la casita del bosque, cercada por un gran muro de piedra en tres de sus cuatro costados, el cuarto miraba al pantano desde el alto donde se había construido, y una gran terraza suspendida, le otorgaba una visión extraordinaria del paisaje. 

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Re: Desaforado amor en la casita del lago. (Sensual)

Mensaje por María Susana el Miér Nov 08, 2017 1:13 pm

Vaya, vaya que principio, pero como  está  muy explicado lo que seguramente  seguirá, creo que  disfrutaremos de una  nueva y  buen lectura. Un beso!!
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Re: Desaforado amor en la casita del lago. (Sensual)

Mensaje por Carlos Serra Ramos el Miér Nov 08, 2017 1:28 pm

María Susana escribió:Vaya, vaya que principio, pero como  está  muy explicado lo que seguramente  seguirá, creo que  disfrutaremos de una  nueva y  buen lectura. Un beso!!

No te quepa duda, ese semental es mi envidia, jajajaja. 

Beso
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Re: Desaforado amor en la casita del lago. (Sensual)

Mensaje por Carlos Serra Ramos el Miér Nov 08, 2017 5:04 pm

Laura escribió:A ver,  no sé si tengo la edad para leer esto... jajajaja, pero no digas tú  nada, ¡ya lo leí!
Se ve que la cosa pinta como para  tener cerca una jarra de agua fría o en su defecto estar cerca de la  ducha lo más fría que se pueda jajajaja!!
Esta niña está desesperada y el ni te cuento, viva el amor pues o el deseo,  me encanta el detalle de esa casita, oHHH hacer el amor allí debe ser ; mejor no sigo jajajajaja. Un beso Carlos! Tú nos nos sorprendes  cada día con tus obras !! encantada de leerte!
Gracias, Laura, eres un encanto, pero te advierto, dije no apto para personas sensibles. Esta noche edito la segunda parte y final, luego ya me dirás. La ducha de agua bien fría te hará falta.

Así es como debe hacerse el amor en una pareja que se amen y deseen, envidia sana me provocan.
Un beso con chasquido apretado a tus mejillas, amiga mía.
Carlos
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Re: Desaforado amor en la casita del lago. (Sensual)

Mensaje por imaginee el Miér Nov 08, 2017 8:51 pm

Bueno, espero la segunda parte, esto aún no ha comenzado, pues quiero ver como se hace el amor cootú dices entre dos personas que se aman. siempre es bueno aprender jajajaja! Y no sé si como Laura necesitaré la ducha fría, pero  bueno, todo puede suceder , hasta que salga corriendo hacia el mar que  está bien frío ya al anochecer y sumergirme un poco!! Jajajajaja!! Cariños querido Carlos!! Esperando  ese encuentro "especial".
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Re: Desaforado amor en la casita del lago. (Sensual)

Mensaje por Carlos Serra Ramos el Miér Nov 08, 2017 8:58 pm

Carlos Serra Ramos escribió:
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Seis tonos y al fin, la voz de Marta.


–¿Sí…?
–Hola, princesa, ¿te va bien a las siete?
–Hola, Nino ¿Tan tarde?
–He de pasar por el despacho a las seis para recoger unos planos que me son precisos, pero si te parece…
–No, no. Sólo lo dije por la cena. Por si se nos hace tarde.
–Ah, no te preocupes. Tengo una mesa reservada para las nueve y media en el restaurante Los Cisnes que tanto te gusta. 
–Eres un encanto, mmmm… estás en todo.
–Pues quedamos a las siete. Te haré una llamada al móvil y bajas ¿vale?
-Sí, tesoro.


Marta era una mujer joven, 35 años, de cara aniñada y un cuerpo escultural; se había enamorado de José Luís, un hombre en esa edad en que la juventud palidece pero se compensa con la personalidad que otorgan los años. Arquitecto de profesión ya se le adjudicaban las obras más comprometidas aunque sólo fuera por prestigiarlas con su nombre. 


Su dedicación al trabajo le consumía todas las horas del día y parte de la noche y, con su fortuna que se duplicaba constantemente, se permitía conseguir cualquier deseo, desde la propia mujer con la que se casó por una apuesta, hasta el derecho de pernada para pasar la noche de boda con la novia de un empleado suyo. Todo tenía su precio, decía, y no dudaba en pagarlo por alto que fuera para satisfacer su capricho. 


Pero con Marta era otra cosa, no amor precisamente, pero afirmaba que esa mujer le había envenenado los sentidos, y no le importaba, era la válvula de escape que le mantenía al margen de su vida pública. 


Para sus noches de amor había alquilado una hermosa casita con embarcadero, junto al embalse de Entrepeñas, en pleno bosque. Una lindeza. Dos o tres días al mes no se podía encontrar a José Luís porque se desconectaba del mundo para vivir con Marta las horas más felices de su vida. Nadie reconocería al famoso arquitecto recitando versos a su amada al pie de un sauce junto al lago, o riendo a mandíbula batiente las gracias de Marta que no hubiera despertado la sonrisa de un chiquillo.


–Si me olvidas creo que me arrojo al pantano, no lo soportaría, cielo –le decía Marta aparentando en su rostro la angustia que tal pensamiento le reportaba.
–Y si no te olvido, el desahuciado seré yo porque ya no se vivir sin tu aliento –respondía José Luís seguro de que no le convenía su empecinamiento por los encantos de Marta.



–¿No sabrías vivir sin estos bomboncitos que te vuelven loco? –Decía rozándose las protuberancias de los pezones erectos bajo la seda de su blusa. 
–¿Quieres uno? -le incitaba con picardía.



Conocía bien las debilidades de Jos, y cómo explotarlas para conseguir cuanto quería. Sin embargo, no todo era interés por su bienestar social, los regalos, su dinero… Le gustaba, le tenía afecto y en las horas de amor le amaba, sí, era un hombre fogoso, un semental, y ella, toda fuego; una mujer nacida para Afrodita, una diosa plena de dulzura y bacante para cualquier orgía.


A las siete en punto José Luís llamaba por el móvil. 


–¿Bajas? Estoy frente a tu casa – dijo al responder.
–En seguida, cariño.


Y al minuto siguiente ya estaba instalada en el asiento del Jaguar.


–Uf, estoy nerviosa, siempre me ocurre cuando has de venir.
– ¿Por qué, princesa?
– Por la ilusión de verte, amor, –lanzando un beso al aire para no mancharle los labios de carmín – por estar juntos. Siento siempre la misma sensación del primer día. ¡Ay, te quiero tanto…! 
–Mi princesa, seguro que la ilusión mía aun es mayor –respondió José Luís agradeciendo sus palabras. Fuera verdad o mentira todo lo que alimentaba su egolatría le llenaba de satisfacción.


Cenaron en la terraza de un lujoso restaurante próximo a su destino. Las noches aun eran templadas a finales de agosto y el enorme
embalse, casi un mar bañando la luna, invitaba a la pareja al más puro romanticismo. 


Entrelazadas sus manos, los ojos devolvían la mirada envuelta en la dulzura del deseo y brincaba el corazón en cada roce de los pies desnudos de Marta entre la piernas de José Luís.


– ¿Nos vamos? No aguanto más, Nino. – “Nino” era el adjetivo más cariñoso que le dedicaba cuando deseaba ser escuchada.


Minutos antes de las diez dejaban la carretera para adentrarse por un camino sin asfaltar. A poco más de dos kilómetros apareció la casita del bosque, cercada por un gran muro de piedra en tres de sus cuatro costados, el cuarto miraba al pantano desde el alto donde se había construido, y una gran terraza suspendida, le otorgaba una visión extraordinaria del paisaje. 
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Segunda parte:


Se abrió la verja al pulsar el telemando y el coche rodó con suavidad por el pasillo de grava hasta la puerta. A Marta le parecía un sueño, le gustaría quedarse allí para siempre junto al hombre que la cubría de atenciones y que en amor no era remiso
Dos escalones, el porche, “tequieros” temblorosos y unos primeros besos en la penumbra. Ya en el interior encendieron las luces del salón amueblado con magnificencia y buen gusto.
–Ponte cómoda, princesa, y dime si te gusta lo que hay en el vestidor.
–Ayayay… seguro que es alguna sorpresita de las tuyas.
En tanto volvía, preparó dos copas y abrió una botella de Möet Chandón, atenuó las luces e hizo sonar en el equipo de música el Bolero de Rabel. Giró ligeramente el butacón donde se había sentado y esperaba ver aparecer a Marta por la salida del pasillo. No pudo reprimir un ¡oh! de admiración ante la belleza de aquel cuerpo envuelto en tul. Bajo el salto de cama la piel resplandecía más que la gargantilla de esmeraldas en su cuello, o el brazalete de brillantes en el tobillo.
–Eres una diosa, Marta ¿De dónde habrás llegado a la tierra? No sé si sueño o es realidad que soy el más afortunado de todos los hombres tan sólo en contemplarte –le susurraba convencido de expresar lo que sentía – Por nuestro amor, princesa, diosa del Olimpo – añadió al hacer sonar las dos copas en un brindis de ilusión.
–Querido, querido. Soy tuya, no sueñas ¿es qué no percibes el sabor de mis besos? 
Y sus labios entreabiertos volvieron a encontrarse sintiendo la ansiedad por poseerse. Marta, incapaz de reprimirse, jadeaba excitando más la virilidad de José Luís, que no cejaba en acariciar su piel. Ora la espalda, ora su cuello, sus senos, sus nalgas. Todo su cuerpo en sus manos y, en el alma, el mayor amor del mundo en esos momentos.
–Ven, vamos, ya te dije en el restaurante que no aguantaba más, y ahora, ya no resisto, Nino. 
Y entre besos y caricias llegaron al dormitorio. Él, se desvistió en segundos. Ella, esperaba tendida en el lecho ser liberada de la lencería por sus manos, sabía cuanto incrementaba su libido si con cada prenda sustraída serpenteaba su cuerpo ofrecido al hombre que la amaba.
Con exquisita dulzura paseaba sus labios la piel rosada, en tanto que sus dedos prolongaban la caricia descubriendo su flaqueza. Y volvieron los besos a recorrer perfiles, recovecos y vertientes, sus costados, su vientre… 
Marta, sin dar tregua al vaivén de sus caderas, sentía cómo la lengua del hombre humedecía su entrepierna consiguiendo estremecerla. Al fin, posada en su hendidura, gritó arqueando la espalda en la gloria indescriptible del dios Eros. 
–Espera, cielo, espera. Que se prolongue el éxtasis que nos embarga. ¿No olvidas algo? 
– ¿Qué?
–Los pañuelos, mis muñecas. Me gusta sentirme indefensa entre tus brazos.
–Eres única. ¡Que mujer! También por eso te deseo tanto, hembra en celo que en mí se satisface, –murmuraba mientras con las prendas de lencería ataba sus muñecas a las esquinas de la cama.
–Los pies, también los pies, mis piernas abiertas, separadas dejando a tu hombría el paso libre.
José Luís apenas atinaba en anudar las sedas a las muñecas y pies de Marta. Cuando lo hizo la miró con los ojos entornados reflejando en su rostro la lujuria que lo poseía. Ésta era tal, que deseaba atenazar su cuello, ceñir entre sus dedos la belleza de aquel rostro sintiéndose dueño de su vida. La envolvió con sus besos, absorbió sus esencias vaginales y la cubrió con su cuerpo arremetiendo una y otra vez hasta proferir un grito prolongado más allá del orgasmo.

***

A los dos días se denunció la desaparición del famoso arquitecto don José Luís Gordon. Eran normales sus ausencias pero nunca su silencio. Se debía a sus múltiples compromisos y no podía permitirse la libertad de no dar señales de vida más allá de veinticuatro horas. Le vieron por última vez un lunes por la tarde y el miércoles se dio parte a la policía, al día siguiente en la primera página de todos los periódicos se anunciaba su desaparición, incluso, dejando entrever un posible secuestro. La noticia siguió siendo de interés durante los días siguientes en tanto no se tenía pista alguna sobre su extraña desaparición.
A las dos semanas justas, en la casita de alquiler junto al pantano de Entrepeñas, donde José Luís y Marta gozaron por última vez sus horas de amor, irrumpía la policía no dando crédito a sus ojos ante la escena que contemplaban horrorizados.

……………………………

Han pasado tres meses y en un psiquiátrico de la provincia, una joven mujer, lívido el rostro y enormes ojeras, se halla en el jardín sentada en una silla de ruedas, con la mente vacía y la mirada perdida en una sola imagen. Sobre ella, atada de pies y manos, envuelto en un hedor nauseabundo, yacía el cadáver descompuesto de un hombre, por cuyos orificios nasales, boca y ojos, asomaban los gusanos alimentados por la carne putrefacta, en tanto que persistía en sus oídos un desgarrado grito, mezcla de placer y muerte.
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Re: Desaforado amor en la casita del lago. (Sensual)

Mensaje por imaginee el Miér Nov 08, 2017 9:09 pm

Acabo de responderte la primera parte, estando en el foro, respondo esta. Jamás hubiera pensado un final así!! Murió sobre ella, pero por favor, tremendo!! atada  de pies y manos. sin palabras realmente Carlos sí que me ha sorprendido este final!! muy triste para esa mujer que ya ni siquiera vive , pues su mente ya no está  bien. Muy bueno,con un final tremendo y realmente para mi sorpesivo totalmente. Cariños!!!
Como  moraleja diría nunca te hagas atar mujer, no sabes lo que puede acontecer!
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Re: Desaforado amor en la casita del lago. (Sensual)

Mensaje por Carlos Serra Ramos el Miér Nov 08, 2017 9:46 pm

imaginee escribió:Acabo de responderte la primera parte, estando en el foro, respondo esta. Jamás hubiera pensado un final así!! Murió sobre ella, pero por favor, tremendo!! atada  de pies y manos. sin palabras realmente Carlos sí que me ha sorprendido este final!! muy triste para esa mujer que ya ni siquiera vive , pues su mente ya no está  bien. Muy bueno,con un final tremendo y realmente para mi sorpesivo totalmente. Cariños!!!
Como  moraleja diría nunca te hagas atar mujer, no sabes lo que puede acontecer!
Recuerda que fue ella que le dice ¿no te dejas nada? Tremendo imaginar tal situación, sin poderse liberar y el amante sobre ella decomponiéndose, pienso que merezco un castigo por la mala leche en este episodio. Lástima, con lo bien que lo estaban pasando... 
Muy acertada tu moraleja, en una de mis aventuras se me dio este caso y me negué en rotundo, más de una vez salta en la prensa esa noticia, y son muchas en las que se anuncia un fallecimiento donde se dice, "Ha tenido una muerte dulce, falleció mientras dormía" Bueno, me lo creeré.
Uno próximo será más liviano.
Mi beso vuela a tu balcón, querida Ima.
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Re: Desaforado amor en la casita del lago. (Sensual)

Mensaje por Carlos Serra Ramos el Jue Nov 09, 2017 2:18 pm

Laura escribió:Buenos días, he leído las dos partes de esta prosa. Bueno, si bien cada pareja en privado puede hacer lo que desee con su líbido o  amor"", creo que esto como  se ve fue desafortunado. Además como mujer  pienso  qué puede haber más hermoso que te acaricien y que a la ves tú lo hagas.Ese es el verdadero juego del amor,caricias, tacto son las delicias que hacen que un puro sexo se sublime en el verdadero amor. Trágico y te diría dantesco final, sin duda. Saludos Carlos!!
Hola, Laura, me gusta tu comentario porque coincido plenamente en tu opinión, ya ves que le titulé "Desaforado" es decir, que obra sin ley ni fuero, desmedido. A los personajes ya les tilde de denigrantes, al arquitecto capaz de comprar el derecho a pernada de la mujer de su empleado, y, a Marta que se vende al hombre por el interés de una vida regalada, aunque en la práctica sexual llegue al paroxismo más por lujuria que por amor. Luego, como bien dices, el sentimiento amoroso es otra cosa.
En otra ocasión ya dejaré alguna de esas prosas sensuales en las que la pasión se cuenta como tú y, como yo lo entendemos.
También para ti, mi saludo más cordial con el mayor afecto.
Carlos
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Re: Desaforado amor en la casita del lago. (Sensual)

Mensaje por Ona Elena el Sáb Dic 09, 2017 11:34 pm

Tú no estás, querido amigo, pero he disfrutado tu arte mientras leía el intrigante relato que nos dejas, cuyo final no acabo de entender... 
Mi matrícula de honor habitual,acompañada de la mejor nana. 
Besitos.
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Re: Desaforado amor en la casita del lago. (Sensual)

Mensaje por Carlos Serra Ramos el Jue Dic 28, 2017 9:06 pm

Ona Elena escribió:
Tú no estás, querido amigo, pero he disfrutado tu arte mientras leía el intrigante relato que nos dejas, cuyo final no acabo de entender... 
Mi matrícula de honor habitual,acompañada de la mejor nana. 
Besitos.
Ona
Pasaron los días pero al fin llegué, ignoro cómo se me pasó por alto tu comentario. Quiero pensar que no acabas de entender un final tan macabro, cierto, da para pensar pero puedes asegurar que se da más veces de las que se suponen, a mí me hace pensar esos fallecimientos que se anuncian felices porque murió cuando dormía. puede que sean algunos casos, sin embargo, los habrá en que un corazón con antecedentes de infarto no pudo soportar la excitación de un orgasmo. En cierta palícula de Antoni Quin se da esa imágen.
Gracias por tu paso querida Ona y por la nana, me dormiré feliz.
Va mi abrazo y besos a los pies de tu cama para velar tu sueño.
Carlos
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