Universo Poético








Buscar
 
 

Resultados por:
 


Rechercher Búsqueda avanzada

Febrero 2018
LunMarMiérJueVieSábDom
   1234
567891011
12131415161718
19202122232425
262728    

Calendario Calendario

¿Quién está en línea?
En total hay 4 usuarios en línea: 1 Registrado, 0 Ocultos y 3 Invitados

Gonzalo Ramos Aranda

La mayor cantidad de usuarios en línea fue 60 el Lun Dic 04, 2017 8:16 pm.

Sueños de libertad...

Ir abajo

Sueños de libertad...

Mensaje por aguamarina el Sáb Ago 26, 2017 7:45 pm

Sueños de Libertad


Mientras en el patio trasero de la casa de
Lucía quemaban los libros que minutos antes habían barrido de su biblioteca, a
mil kilómetros de distancia intentaban barrer con los ideales de José Manuel.
Tiempos de oscuridad y quebrantos, de miedos y escarnios.


Los inviernos son fríos en el sur y más
aún tras los húmedos muros de las cárceles donde intentaban dominar el pensamiento
y borrar a fuerza de odios la palabra. Mas la palabra siempre triunfará sobre
los odios, las cárceles y las humanas miserias.


Algo así como cuarenta años atrás, en otra
ignominiosa prisión, a doce mil kilómetros, Miguel purgaba la culpa de ser patriota, de defender
sus ideales, de luchar a punta de pluma.
De sentir como se le escapaba la esperanza… la vida.



Lucía expiaba culpas que no tenía. José leía para no perder la cordura,
así como Miguel antes, había escrito.



José es trasladado cuando descubren que su
relación con el bibliotecario del penal le permite leer no solamente libros
sino que tenía, esporádicamente, revistas a su alcance. En el nuevo destino
estaría aún más desterrado. Solo. Sin libros. Ni revistas. Ni nada…. Paredes mugrosas,
retretes indignos, muerte sin nombre. Cuando por la mañana una escasísima luz
penetraba y un sector de la pared era iluminado, José leyó…


La cebolla es escarcha
cerrada y pobre.
Escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla,
hielo negro y escarcha
grande y redonda.


Cuando leyó recordó y cuando recordó
lloró. Pero fueron esos versos los que le dieron fuerza, los memorizó y repitió
día tras día, noche tras noche…


En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.


La sangre seguía corriendo por las calles
de país, como regaran ayer las calles de la tierra de Miguel. Miguel dejó sus
padres, dejó su mujer, perdió sus hijos. José dejó sus padres, perdió su mujer,
perdieron a sus hijos. 


Ríete, niño, 
que te tragas la luna 
cuando es preciso.



…………………..


Tu risa me hace libre, 
me pone alas. 
Soledades me quita, 
cárcel me arranca.


Lucía recitaba a oscuras en la noche los
versos que le convirtieran en cenizas aquel día . Ignoraban los cobardes, que
la letra puede quemarse, pero ese mismo fuego la graba para siempre en el
corazón de las personas. Cuando terminaba de estudiar, a oscuras y en silencio recitaba, como en una letanía


Desperté de ser niño. 
Nunca despiertes. 
Triste llevo la boca. 
Ríete siempre.


Los huesos, el cuerpo, los pulmones de
Miguel no soportarían por mucho tiempo la tortura de la desolación, el olvido y
el hambre. Escribía en cualquier papel que pudiera tener a su alcance…


Al octavo mes ríes 
con cinco azahares. 
Con cinco diminutas 
ferocidades. 
Con cinco dientes 
como cinco jazmines 
adolescentes.


Más acá en el tiempo, José comenzaría a
escribir y en cada letra recordaba la sangre de aquel alicantino que lo
ayudaba, desde el otro lado de la historia. Sin banderías y sin religiones. La
voz de Miguel retumbaba en los oídos de José.


Frontera de los besos 
serán mañana, 
cuando en la dentadura 
sientas un arma. 
Sientas un fuego 
correr dientes abajo 
buscando el centro
.


Lucía egresaría de la escuela secundaria y
no le permitirían ac ceder a la universidad. Su dolor se transformó en letras…
en letras y en poesía. Escribió y declamó, a solas y en guitarreadas. Llevando
en su corazón un estandarte


Vuela niño en la doble 
luna del pecho. 
Él, triste de cebolla. 
Tú, satisfecho. 
No te derrumbes. 
No sepas lo que pasa 
ni lo que ocurre.


Pasarían varios años, décadas? Hasta que
José y Lucía se encontraron por azar en la vida. Una librería, un libro en
común, dos manos en un estante, una poesía…


La cebolla es escarcha 
cerrada y pobre: 
escarcha de tus días 
y de mis noches. 
Hambre y cebolla: 
hielo negro y escarcha 
grande y redonda.


Escríbeme siempre; se repetían, noche a
noche en derroche de fantasía. Escríbeme siempre; nunca me olvides. Miguel es
nuestro padre: nunca lo olvides.
avatar
aguamarina
MIEMBRO FUNDADOR
MIEMBRO FUNDADOR

Fecha de inscripción : 10/09/2016

Volver arriba Ir abajo

Volver arriba


 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.